El Castillo de Caracena

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Miguel Ángel Miguel Andrés. M&M Difusión. Soria.

¿Qué ver en Soria? por ejemplo el Castillo de Caracena. En nuestro descubrir contigo la provincia de Soria, hoy nos acercamos a las tierras de la Comunidad y Villa de Caracena. Partimos desde El Burgo de Osma, a 21 kms de la villa episcopal por la carretera que va a La Rasa, Navapalos y Carrascosa. siguiendo las indicaciones encontraremos este municipio soriano que alberga tan peculiar castillo.


El castillo de Caracena está a 84 km (1h 15′) de la capital provincial, Soria; a 175 km (2h 25′) de Valladolid;  y a 172 km (2h 05′) de Madrid.

Es al suroeste de la provincia de Soria, en el corazón del valle del río Caracena, donde se sitúa la villa que da nombre al curso fluvial.  La carretera va serpenteando, encajonada entre las formas calcáreas que van apareciendo según te acercas al municipio.

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Al salir de ellas, te encuentras a tu derecha, el acceso a la Atalaya del s. XI que te advierte de la «Marca Media» en la tierra de nadie en plena reconquista cristiana.

Un poco más adelante podemos ver la Ermita de la Virgen del Monte, venerada por los pueblos vecinos y cuya festividad es el 3 domingo de Junio.

Ya desde allí, con la atalaya a nuestras espaldas, podemos contemplar el pueblo, desparramado por la ladera y coronado por el castillo. A primera vista destacan las torres de dos iglesias y si giras la vista a la izquierda encuentras el puente Cantos.

Nada más desviarte a la izquierda para entrar en el pueblo, dejas a tu lado izquierdo unas hileras de piedras que te hablan de los asentamientos que hubo allí desde tiempos remotos. Tal vez, las piedras te hablan de miles de años de asentamientos continuados.

¿De cuándo podemos datar el origen de Caracena?

Creo que se pierde en el tiempo. Por los restos encontrados en el yacimiento de Los Tolmos, se podría datar el asentamiento más antiguo en el lugar, del año 1430 A. de C., donde hace 3.500 años habitaron los primeros pobladores del lugar, en plena Edad del Bronce, justo en el horizonte cultural Cogotas I del Bronce Final.

Mientras contemplas el entorno, los trazos nos muestran el caminar en el tiempo, celtíberos, romanos, musulmanes, cristianos y así hasta la edad moderna.

Caracena está ubicada en pleno camino a Tiermes, desde Uxama, a las puertas del Cañon de Caracena, por donde transcurre el rio homónimo y que en su majestuosidad nos permite llegar a Tarancueña.

Encima, al comenzar dicho cañón, se yergue voluntarioso el castillo, guardando este lugar estratégico, construido sobre un pequeño asentamiento militar musulmán, una pequeña alcazaba donde ahora se localiza el Castillo de Caracena.

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Continuamos la visita y con el coche, accedemos a Caracena, subimos la cuesta serpenteante para llegar a una plaza con un Rollo de justicia en medio. En el rollo puedes imaginar como las cabezas de los leones antaño soportaban las cadenas de los reos, unas cabezas que hoy sólo señalan las calles por las que transitar y encontrarse a uno mismo, en ese deambular imaginativo.

Ascendemos dejando a nuestra izquierda la iglesia de Santa María que visitaré después al bajar del Castillo, es una pequeña iglesia del siglo XII levantada con planta basilical a base de mortero y que se encuentra adosada a una torre cuadrangular. Desde la cara norte de la misma se podrían ver las huertas que se cultivaban antaño y un poco más abajo el puente Cantos, originario del románico y que también visitaré en mi camino de regreso.

Subo la cuesta con el coche dejando el Rollo detrás y me encuentro con La Cárcel o Palacio, una fortificación de planta cuadrada y de dos pisos que en su día pudo reunir a los notables de la villa para tratar «sus cosas», un poco más arriba, en frente del bar, encontraremos El Hospital de pobres del cual aun persisten los despojos de sillares muy bien labrados y una ventana con arco conopial del s.XVIII.

Un poco más arriba a la derecha podemos ver la Iglesia de San Pedro, románica también, del S. XII, de la que cabe destacar su galería porticada de 7 arcos y diez capiteles, una de las galerías más bellas de todo el románico soriano, esbelta y armoniosa, con un rarísimo ejemplar de columna torsa, un templo que es Monumento Nacional.

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Dejando a espaldas la iglesia de San Pedro, seguiremos subiendo, ya a pie, el viejo camino, que después de 600m, tras superar la loma, nos llevará al magnifico castillo que corona el horizonte. Es uno de los tres castillos más grandes de la provincia de Soria, junto al de Gormaz y al de Berlanga de Duero.

Mientras nos acercarnos al Castillo de Caracena, podemos ver las deposiciones de las ovejas que transitan el lugar y mantienen el paraje podado de hierba para que pueda ser visitado por el viajero sin que la maleza obstruya el paso.

A pesar de estar abandonado y en estado de ruina progresiva, sus notables dimensiones, la buena conservación de su doble lienzo de murallas, y sobre todo su imponente ubicación, en ese alto de unos 1150 m, dominando el final de un angosto valle desde un cerro rocoso y justo entre los dos cortados que forman el Barranco de los Pilones y el de las Gargantas, que desembocan en el río Caracena, (Adante), hacen de su visita algo hermoso y entrañable.

El sitio de Caracena aparece en los registros históricos con fortificación ya en tiempos califales. Se especula con que el propio Almanzor lo usara como base en sus aceifas contra los reinos cristianos del norte. Con la muerte de Almanzor y el debilitamiento del Califato, Castilla avanza y en 1061, Caracena es conquistada por Fernando I, rey de León y Castilla, justo al tiempo conquistó también el Castillo de Gormaz.

De esta época es la leyenda que explica el nombre del lugar, ya que el ataque para la toma de la plaza tuvo lugar a la hora de la cena…  «Cara les costó la Cena».. decía una copla medieval… por el esfuerzo realizado y los costes de tomar la fortaleza.

A partir del 1080, el rey Alfonso VI, repuebla la zona, para terminar conquistando la Taifa de Toledo en 1085 y llevando paz a la Marca Media, favoreciendo el crecimiento y la prosperidad de esta población, estableciéndose la Comunidad de Villa y Tierra de Caracena.

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Las primeras noticias del castillo corresponden a un pleito del siglo XII entre los obispos de Osma y Sigüenza. A esta época corresponden los restos de la muralla que recorre el alto.

En 1136, la Comunidad de Villa y Tierra de Caracena, queda ajudicada a la diócesis de Sigüenza, y un año después pasa a ser sede arciprestal. Feudo ora eclesiástico, ora de realengo por sucesivos trueques, Caracena se expande y alcanza su edad dorada durante el final del siglo XII y todo el siglo XIII.

Es la etapa de mayor esplendor de esta villa, contaba entonces con mas de 30 aldeas, que pertenecían a la Comunidad de Villa y Tierra de Caracena, unas 17.000 personas, en 239,35 km2, formaban parte de este municipio. A día de hoy, Caracena es hoy sólo una pequeña población de menos de 11 habitantes, situada en este entorno escarpado espectacular, que conforma el terreno calizo en toda esta zona. Se construyen entonces las dos iglesias románicas más importantes de la localidad Santa María y San Pedro (con su atípica columna torsa y el Jano trifronte, valga la redundancia).

Las guerras nobiliarias y las disputas por el trono de Castilla hace que el castillo de Caracena cambie de manos en varias ocasiones, en una primera ocasión los descendientes de los Villegas, lo pierden y en una segunda ocasión es arrebatado a los Tovar, pasando a manos de los Acuña.

Seguimos mirando el Castillo, actualmente estamos contemplando las remodelaciones del s. XV, momento en que Francisco de Tovar lo pierde por apoyar a la Beltraneja en contra de los Reyes Católicos. El castillo es tomado y confiscado por Don Pedro de Acuña y el señor de Caracena.

Es en 1491 cuando el obispo Alfonso Carrillo de Acuña, sobrino del arzobispo de Toledo,  y sucesor de Don Pedro como dueño de la plaza, adquiere el señorío de Caracena y es muy probable que sea entre 1491 y 1496 cuando el castillo es reedificado en su actual configuración.

Observo que es un castillo de unas dimensiones muy grandes para estar en medio de ninguna parte, ahora, pero entonces, se ubicaba en un lugar estratégico, controlando las rutas de comunicación entre las mesetas norte y sur; desde tierras del Duero hacia Atienza, Sigüenza y Guadalajara.

La descripción pormenorizada que nos ofrece Madoz entre 1845 y 1850, dice que había «…un castillo a la parte Sur [de la población], bien construido, en una extensión de 330 pies cuadrados, en cuyo recinto hay 2 plazas de armas, una al Oeste cercada de un rondin de 18 pies de espesor, y otra en el centro; conservándose ademas 6 cuadras, con 3 ventanas ovaladas cada una; 1 almacen de piedra sillar perfectamente embovedado; los restos de 1 molino de viento, y por gran parte de la circunferencia un ancho foso, á cuya espalda aparece una espaciosa muralla, circunvalando también la población, que pudo contener en lo antiguo hasta 6,000 vecinos; no habiendo quedado de su esplendor mas restos que los expresados, y las 2 iglesias parroquiales (la Asunción y San Pedro)…»

Lo miras y ves que está construido en mampostería, la piedra característica del lugar es una caliza con rastros de arenisca que le confiere un color blanco amarillento, puedes apreciar los restos de la muralla original que recorre el alto entre los barrancos y que llega hasta la base de la torre del homenaje y que sirve también de base al muro norte del recinto interior, ambas partes remodeladas en el siglo XV.

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Se compone de un cuerpo central con torre del homenaje en una de las esquinas, y un lienzo exterior defensivo adicional. Un doble recinto amurallado con foso artificial, al que accedes en un zigzag, un hecho éste que afianza su defensa, quedando desprotegido ante los defensores.

El exterior rodea el contorno del interior, con diez cubos huecos con aditamentos artilleros. Aún se pueden ver perfectamente conservadas las salas abovedadas, los aljibes y los garitones volados. Fue reconstruido siguiendo las pautas constructivas de una época en la que se había generalizado ya el uso de la artillería.

Al acceder al interior ves que el recinto interior es de planta rectangular con la Torre del Homenaje en la esquina sureste, lugar al que accedes cruzando el patio en diagonal, una vez dentro de la Torre, se respira o se siente una paz especial.

El castillo protege el paso desde la antigua Uxama a la vieja Tiemes, a las puertas del cañón por el que fluye el río Caracena, en tramos el Adante. Caminado por su ribera, entre Caracena y Tarancueña, a la sombra de los riscos, escuchando el murmullo de sus aguas cristalinas y el canto de los pájaros, puedes llegar al paraje de los Tolmos, donde hace 3.500 años habitaron los primeros pobladores del lugar, en la lejana Edad de Bronce.

Si eliges continuar con el coche un poco más en esta carreterea sin salida en dirección a Valderromán, podras ver la famosa «Carrasca de Valderromán».

A partir del año 1609 el castillo comenzó a ser abandonado por sus dueños, justo cuando Felipe III, convierte a Luis Carrillo de Toledo, en Marqués de Caracena. La impotancia del Marqués le hizo desplazarse a la Corte en Madrid y a otros lares para vivir, lo cual repercutió en el detrimento y el abandono de este singular castillo soriano.

Emprendemos el camino de regreso dejando a nuestras espaldas Caracena.

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