Mi primer día en la compra con el COVID 19

compra coronavirus

Redacción. M&M Difusión. Soria.

Llegan los primeros testimonios a nuestra redacción

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Dejar la seguridad de tu casa, donde no hay síntomas, para salir a hacer la compra en estos momentos es algo «novedoso» a lo que enfrentarte. Cojo dos pares de guantes de latex y los echo al bolsillo, mientras me dirijo a limpiar la nieve del coche para recorrer los kilómetros que me separan del supermercado más cercano.

Por la carretera, al pasar por el primer pueblo, sólo veo una muchacha paseando a su perro, luego en el trayecto me cruzo con tres vehículos, el tercero de ellos era de la Guardia Civil controlando la situación. Mientras voy llegando, escucho el sonido del móvil, mi mujer me ha hecho llegar por whatsapp la lista de la compra con las cosas que necesitamos.

Aparco y procedo a ponerme el primer par de guantes, mientras rodeo mi boca con una bufanda. Salgo del coche y al llegar a la puerta, leo un cartel, ponerse guantes antes de coger el carro de la compra. Nada más entrar otro cartel, obligatorio ponerse guantes para comprar. Debajo del cartel estaban los guantes de plástico típicos de los super.

La zona «más» concurrida era la de verduras y frutas, miras la lista, miras las repisas y readaptas lo que traías pensado para comprar en función de lo que hay. Me llama la atención la naturalidad de los empleados, es como si han asumido que tienen que estar ahí, que probablemente serán contagiados, pero que tienen que dar ese servicio. Son héroes, arriesgan sus vidas para que otros tengamos lo necesario para vivir. No les aprecias ningún temor, sólo tranquilidad y trabajo, mucho trabajo reponiendo productos. Esa tranquilidad, te calma, te hace estar más tranquilo. Continuas por el centro y vas viendo muchas estanterías vacías y diversos carteles que limitan la compra a cuatro productos de un mismo tipo por persona.

En el supermercado las personas conocidas te preguntan de lejos como estas y tu igual a ellas, son contactos frugales,  te animas al verles bien, contactos en una casi «aparente» normalidad.

Pregunto si desarmo el pack de leche o me lo llevo entero por lo de las 4 unidades y me dan permiso para llevármelo, busco cosas básicas para alimentar a todos, los niños son especiales a la hora de comer, el arroz, las patatas, los huevos, la leche y algunos yogures, son cosas trascendentales. Muchas de las cosas que buscaba, tuve suerte de encontrarlas en los carros de reposición,  botes de verdura, judías y garbanzos.

No pasas miedo porque puedes comprar, es decir, sabes que vas a llegar a casa con alimentos, que en el supermercado las personas no tienen ese ansia de coger porque les va a faltar. Te das cuenta de que comprando lo normal, para regresar en pocos días a hacer la compra se crea una normalidad y da tiempo a la reposición de productos sin que nadie salga perjudicado. Es decir hay que seguir comprando de forma natural porque esto puede que vaya para largo.

No iba a por caprichos, sólo comprar cosas útiles. Aún así tuve que dar vueltas porque no encontraba lo que había en la lista. Luego llegas a la cola de la caja, entonces ante el picor de la nariz te vuelves a hacer consciente de la situación. Es curioso, sabes que has rozado el carro con el abrigo, ese carro que cogiste con los guantes, estas a más de un metro y medio de la persona de delante y, te comienza a picar la nariz, ¿te rascas? te das cuenta que vas con guantes, es entonces cuando empiezas a ser consciente de los roces de tus prendas con el exterior, del movimiento de los objetos que se manipulan, de la asepsia de tu compra al llevarla a casa, de tu ropa, de tus zapatos…. y caes en la cuenta de que es muy difícil una asepsia perfecta, algo llegará contaminado si se diera el caso de que no fuéramos limpios al ir al supermercado.

Paso por caja pagando por tarjeta y deposito todo en el carro para embolsar en el coche y no hacer esperar a nadie. Al salir desecho los guantes del supermercado. Al llegar al coche deshecho los guantes de latex, extrayéndolos como me enseño un enfermero horas atrás en un vídeo compartido en redes sociales. Me pongo el segundo par de guantes y procedo a embolsar la compra y cargarla en el coche.

Cierro el coche, regreso el carro a su lugar y procedo a quitarme el segundo par de guantes y tirarlos todos antes de volver al coche. Al llegar a casa me quito el abrigo antes de entrar, por si los niños corren a abrazarme y lo cuelgo aparte, mientras me quedo pensando en los zapatos, el último bulo de la red que recomendaba dejar los zapatos fuera de casa por el posible peligro de su contaminación y me dirijo a asearme antes de estar con los niños.

Pude traer la compra en casa, prueba «casi» superada, quedan muchas más y apenas tendré guantes de latex para dos o tres más. Lo de la mascarilla, imposible, no tenemos. En fin esperemos a ver como se desenvuelve la cosa.

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